Cuento en inglés, historias para leer y compartir en Navidad

Si hay algo que nos da la navidad son momentos para disfrutar de cosas sencillas en familia, de compartir momentos especiales junto a los niños y poder leerles un cuento en inglés de navidad antes de dormir, y para que los más pequeños se familiaricen y empiecen a practicar el idioma inglés puede ser muy útil intentar leerlo en ese idioma.

El cuento en inglés de navidad que les dejaremos el día de hoy es una adaptación de un cuento jasidico realizada por el escritor argentino Jorge Bucay reconocido por sus múltiples libros y publicaciones de autoayuda.

La costumbre de leer un cuento en inglés de navidad es algo que no debería perderse porque son momentos que quedan marcados en los corazones y estas historias nos llenan de esperanza y nos dejan un mensaje de alegría. La navidad es una época realmente mágica en la que la unión es lo más importante y en la que se puede aprender a vivir con más calma y paz, esos pequeños momentos en que simplemente nos sentamos a leer y nos olvidamos de los problemas.

Cuento en inglés, una hitoria en Navidad

Milagro de Navidad

Había una vez, en un pequeño pueblo, un viejo cura párroco famoso y respetado por su sabiduría y su bondad.

Su parroquia, bastante alejada de la plaza central del pueblo, se mantenía casi ignorada y oscura durante todo el año. Sin embargo cada diciembre, cuando se acercaba la Navidad la calle entera de la iglesia parecía adquirir luz propia. Es verdad que el desproporcionado árbol de Navidad que el anciano armaba en el ciprés de la vereda, frente a la iglesia, irradiaba un brillo incomparable, pero no era sólo eso. Cada ladrillo del frente del viejo edificio parecía iluminarse desde adentro y alumbrar la que hasta unas horas antes era una de las calles más oscuras del barrio. Desde la otra punta del pueblo se veía la luminosidad que parecía expandirse desde la vieja parroquia elevándose en el cielo.

Quizá por eso, quizá por la nobleza del viejo cura, hombre puro de alma y espíritu y sacerdote de fe inquebrantable, quizá por la suma de todas las cosas, la Navidad traía al pueblo un hecho que para muchos representaba su milagro navideño.

Cada año, para estas fechas, todos lo que tenían un deseo insatisfecho, una herida en el alma o la imperiosa necesidad de algo importante que no habían podido lograr iban a ver al viejo cura. El se reunía con ellos, los escuchaba, y los convocaba para que prepararan su corazón para un milagro antes de las doce de la noche del veinticuatro de diciembre.

Cuando el día esperado llegaba y todos estaban reunidos frente a la parroquia, el cura encendía todavía algunas velas más alrededor del árbol, y luego recitaba una oración en voz muy baja… como si fuera para él mismo. Dicen… que cada Navidad Dios escuchaba las palabras del párroco cuando hablaba.

Dicen que a Dios le gustaban tanto las palabras que decía, dicen que se fascinaba tanto con aquel árbol de Navidad iluminado de esa manera, dicen que disfrutaba tanto de esa reunión cada Nochebuena… Que no podía resistir el pedido del cura y concedía los deseos de las personas que ahí estaban, aliviaba sus heridas y satisfacía sus necesidades.

Cuando el anciano murió, y se acercaron las navidades, la gente se dio cuenta que nadie podría reemplazar a su querido párroco. Cuando llegó diciembre, sin embargo, decidieron de todas maneras armar el árbol de Navidad frente a la parroquia e iluminarla como lo hacía en vida el sacerdote.

Y esa Nochebuena, siguiendo la tradición que el cura había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunieron en la vereda y encendieron velas como habían aprendido del viejo párroco…

Se hizo un silencio. Nadie sabía lo que el viejo párroco decía cuando el árbol se iluminaba por completo… Como no conocían las palabras, empezaron a cantar una canción, recitaron unos salmos, y al final se miraron a los ojos compartiendo en voz alta sus dolores, alegrías y temores en ese mismo lugar, alrededor del árbol. Y dicen… que Dios disfrutó tanto de esa gente reunida alrededor del ciprés, frente a la vieja parroquia, hermanados en sus deseos… que aunque nadie dijo las palabras adecuadas, igual sintió el deseo de satisfacer a todos los que ahí estaban. Y lo hizo.

Desde entonces cada Nochebuena en aquella parroquia, alrededor de ese árbol tan especial, algunos milagros ocurrían, posiblemente en honor o quizá (¿por qué no?) por influencia del cura párroco. El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo…

Y aquí estamos nosotros. Nosotros no sabemos cuál es el pueblo donde está la parroquia. Nunca conocimos al bondadoso anciano y mucho menos sabemos cuáles eran sus ‘mágicas’ palabras… Nosotros ni siquiera sabemos cómo armar nuestro árbol de la manera en que él lo hacía…

Sin embargo, hay dos cosas que sí sabemos: sabemos esta historia, y sabemos que se acerca la Navidad. Y dicen… que Dios adora tanto este cuento… que disfruta tanto de las historias navideñas, que basta que alguien cuente esta leyenda y que alguien la escuche… para que Él, complacido, satisfaga cualquier necesidad, alivie cualquier dolor y conceda cualquier deseo a todos los que todavía, aunque sea un poco, creen en la magia de la Navidad. ¡Ojalá sea cierto!

 

Christmas miracle

There was once, in a small town, an old parish priest famous and respected for his wisdom and goodness.

His parish, quite far from the central square of the town, remained almost ignored and dark throughout the year. However, every December, as Christmas approached, the entire street of the church seemed to acquire its own light. It is true that the disproportionate Christmas tree that the old man armed in the cypress of the path, in front of the church, radiated an incomparable brightness, but it was not only that. Each brick in front of the old building seemed to light up from within and illuminate what until a few hours before was one of the darkest streets in the neighborhood. From the other side of the town you could see the luminosity that seemed to expand from the old parish rising into the sky.

Maybe that’s why, perhaps because of the nobility of the old priest, pure man of soul and spirit and priest of unbreakable faith, perhaps because of the sum of all things, Christmas brought to the people a fact that for many represented his Christmas miracle.

Every year, by this time, all those who had an unsatisfied desire, a wound in the soul or the imperious need for something important that they had not been able to achieve were going to see the old priest. He met with them, listened to them, and called them to prepare their hearts for a miracle before twelve o’clock on the night of the twenty-fourth of December.

When the expected day arrived and everyone was gathered in front of the parish, the priest still lit some more candles around the tree, and then recited a prayer in a very low voice … as if it were for himself. They say … that every Christmas God listened to the words of the parish priest when he spoke.

They say that God liked the words he said so much, they say that he was so fascinated with that Christmas tree illuminated in that way, they say that he enjoyed this meeting so much each Christmas Eve … He could not resist the priest’s request and he granted the wishes of the people who were there, relieved their wounds and satisfied their needs.

When the old man died, and Christmas approached, people realized that no one could replace their beloved pastor. When December came, however, they decided to put the Christmas tree in front of the parish and illuminate it as the priest did in life.

And that Christmas Eve, following the tradition that the priest had instituted, all those who had unsatisfied needs and desires gathered on the path and lit candles as they had learned from the old parish priest …

There was silence. Nobody knew what the old parish priest said when the tree was fully illuminated … As they did not know the words, they began to sing a song, recited some psalms, and at the end they looked each other in the eye sharing their pains, joys and fears aloud in that same place, around the tree. And they say … that God enjoyed so much of those people gathered around the cypress, in front of the old parish, united in their desires … that although no one said the right words, he still felt the desire to satisfy all those who were there. And he did.

Since then every Christmas Eve in that parish, around that special tree, some miracles occurred, possibly in honor or maybe (why not?) By the priest’s influence. Time has passed and from generation to generation the wisdom has been lost …

And here we are. We do not know which is the town where the parish is. We never met the kind old man, let alone know what his ‘magic’ words were … We do not even know how to put our tree together the way he did …

However, there are two things we do know: we know this story, and we know Christmas is coming. And they say … that God loves this story so much … that he enjoys Christmas stories so much, that it is enough for someone to tell this legend and for someone to listen … so that He, pleased, will satisfy any need, alleviate any pain and grant any wish to all. those who still, even a little, believe in the magic of Christmas. I hope it’s true!

https://www.youtube.com/watch?v=qe3Bs80r_os

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